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Uruguay cerró el Mundial con derrota 60-3 ante Inglaterra, pero sobre todo enseñaron que en el deporte hay mucho más además de ganar

Ignacio Chans, desde Manchester
Quizás Los Teros le hayan dado una gran enseñanza al país deportivo. Porque en un Uruguay futbolero, acostumbrado a tener algunos de los mejores jugadores del planeta, a definir cuanto torneo se cruce, y en el que no ser campeón suele ser un fracaso, este Mundial de rugby presentó un mundo totalmente nuevo. En el que el exitismo no es la norma. En el que se puede valorar el esfuerzo, el sacrificio, la entrega al límite sin importar el resultado, o al menos que el resultado no sea lo más importante.

Eso enseñaron Los Teros. Y la despedida no fue la excepción. Cayeron 60-3 ante Inglaterra, y sintieron el ritmo y la potencia de uno de los mejores equipos del mundo, herido por haber quedado eliminado de su mundial.

Pero el primer tiempo será para poner en un marco. Por el tackle, por la organización defensiva, por levantarse, una vez tras otra, para seguir ofreciendo tackles y entrega, y no dejando pasar por ningún lado a los ingleses. Para mostrar mejor que nadie por qué el rugby es una escuela de la vida, y un vehículo por el cual cada vez más padres lo utilizan como modo de educar a sus hijos: porque no caben las excusas para no dar el 100% en cada momento.

El grupo de la muerte de la copa del mundo era un durísimo desafío para Uruguay. Porque después de 12 años, enfrentarse a cuatro rivales top ten en un mes era una instancia desconocida hasta riesgosa. La última participación de Uruguay contaba de diferencias de 66 puntos ante Sudáfrica, 47 puntos ante Samoa, y 98 puntos ante Inglaterra, además de una victoria ante Georgia.

Esta vez, como el único equipo amtaeur del torneo y sin un rival al alcance como los georgianos, y con 12 años de superprofesionalismo en el que las diferencias con las potencias se agigantaron, los scores se achicaron: ante un oceánico como Fiji fueron 32, ante una potencia del hemisferio sur como Australia –en el partido más flojo- fueron 62, ante un europeo de primer orden como Gales 45 y ante la misma Inglaterra, 12 años después, la diferencia se bajó hasta la mitad. Fue un punto más donde se mostró esa enorme evolución.

Pero seguramente eso sea lo menos importante. Porque por sobre todo, en este mundial Los Teros ensañaron a mirar más allá de los números. Mostraron que el ADN celeste, que habla de tackle, entrega y de no achicarse por más que sean amateurs y se enfrenten contra superprofesionales, está bien cuidado.

Se había hablado en los días previos, y hasta en la última charla de vestuario ante de salir: era la última oportunidad, quizás de la vida, para salir a la cancha en un Mundial y mostrar lo propio. Y se notó. Porque ante un rival que salió muy enchufado, otra vez fue Uruguay que golpeó primero, con un penal a los 2 minutos producto de la presión defensiva, para ponerse 3-0.

Luego Inglaterra intentó por afuera y tuvo premio con un try de Antohny Watson, en casi la única vez en ese primer tiempo en el que pudieron sacar diferencias por afuera. Porque Prada tackleó a destajo, porque Silva cerró un Mundial impresionante, porque Berchesi, jugando lesionado, mostró una entrega emocionante. Porque Zerbino tackleó hasta el aire, al igual que Nieto y Beer. Los forwards fueron al frente, pelearon cada ruck y encabezados por Gaminara lograron recuperar varias pelotas. El scrum pasó algún problema pero se recuperó claramente, y otra vez fue el maul, una de las formaciones donde el peso hace la diferencia, que el local encontró la vía para por fin quebrar a Uruguay e irse al descanso 21-3, la diferencia más corta del torneo ante las potencias.

Los Teros, como en todo el torneo, tuvieron sus chances, producto sobre todo de las pelotas recuperadas en los rucks o de forzar al rival a errores de manejo, aunque no pudieron aprovecharlas, en parte por salirse un pco del esistema y en parte porque es imposible jugar al error cero.

En el segundo tiempo se sintió el enorme desgaste del Mundial, y de haber jugado apenas hace 4 días en una durísima batalla ante Fiji. Porque es imposible para un equipo amateur pelear de igual a igual durante 80 minutos ante Inglaterra. Allí subió un poco más la cuenta de tackles errados, y algunos errores en el manejo de la pelota, como un tapping o un kick que facilitaron contras y tries rivales. Se buscó el try, como en todo el torneo, pero esta vez no llegó.

Pero de nuevo, era lo menos importante. Los errores iban a venir, y el agotamiento también. Lo que no podía faltar eran todas esas razones por las cuales, desde el primer partido, muchos niños están preguntando donde empezar a jugar al rugby: entrega, sacrificio, no dar nada por perdido y no poner excusas.

Los Teros escribieron una página histórica en este mundial. Establecieron un legado, y pusieron el listón muy arriba. Por todo eso que generaron, en los próximos cuatro años vendrá el gran desafío de estar a la altura. Ahora, solo queda darle las gracias.

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Un comentario

  1. Estos 15 leones, en su mayoría amateurs que juegan en Uruguay, dieron una lección de entrega, sacrificio, falta de respeto, y buen juego. Con una estrategia de marca que innovó en el Mundial. Frente a primeras potencias. Gracias Teros, gracias Charrúas. !!!!

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