Un Circuito ilógico

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Tanto Christians como Polo tienen su cuuta de razón en el conflicto del fin de semana, lo que refleja quela forma de disputa del Circuito seguramente haya quedado obsoleta

 

 

La edición 2010 del Circuito Nacional de Seven se cerró con una paradoja casi insólita: mientras las cuatro etapas del Circuito (Polo, Trébol, Lobos y Christians) tuvieron mucho más atractivos yb competitividad que en otros años, el Circuito como unidad mostró una de sus ediciones más confusas y problemáticas, con fallas organizativas y sin el brillo que tuvo cada torneo individual.

 

Seguramente, los cortocircuitos Christians-Polo-URU de este fin de semana excedan a este punto en particular, y tengan el lastre de todos los conflictos –y la desconfianza mutua- generadas en el año, por muchos motivos. Pero yendo al fondo de la cuestión, da la sensación de que el modelo actual de Circuito ha quedado obsoleto. Porque es evidente que tiene muy poco sentido, a los efectos de un Circuito Nacional, que en una fecha definitoria los equipos que definen el título prácticamente no se enfrenten, como ocurrió el fin de semana en Christians, y que las posiciones finales queden a merced de cómo se confecciones los fixtures, de si un equipo tiene un camino más o menos despejado hacia la final, y si se encontró en ese camino con más o menos equipos extranjeros.

 

¿Eso es culpa de Christians? Claro que no. Los azules organizaron su torneo de manera excelente, y seguramente el hecho de que fuese parte del Circuito fuese lo menos importante para ellos. Es más: terminó siendo una carga. También es ideal lo que hizo el azul para que vengan equipos fuertes de Argentina, y que los clubes locales tengan la oportunidad de medirse a ellos, porque es la mejor forma de crecer.

 

¿Christians armó las series de manera de llegar a la final y ser campeón del Circuito Nacional de Seven? Claramente no; como prácticamente todos los equipos cuando organizan un torneo, se incluyó una serie medianamente accesible, para no quedar fuera de su propia fiesta mucho antes del final. Pero esp seguramente no tenía nada que ver con el Circuito.

 

Claro, el detalle es que, aparte de la fiesta que pretendía organizar Christians, en este caso seguía tratándose de un Circuito URU, y allí es donde entra la incompatibilidad de objetivos. Y por eso, el reclamo de Polo también es justo. Porque el caballito, que venía siendo el mejor, se daba cuenta que le tocaba una de las series más duras, y que el liderato se le podía ir por la borda por resultados ante equipos que no tenían nada que ver con la competencia oficial.

 

Allí la responsabilidad le cabe a la URU, que en este caso no participó del armado de las series –como si lo había hecho en otras etapas- y cuando solicitó participar para solucionar esas inequidades en el Circuito, Christians le respondió con lógica: se bajó de la competencia oficial para disfrutar su fiesta. 

 

Por todo eso, lo del principio: en un Circuito donde el 50% de los equipos participantes son extranjeros, es ilógico que haya una competencia aparte entre los uruguayos. Algunos ejemplos: este fin de semana, Christians y Polo jugaron un solo partido cada uno ante equipos del Circuito, Old Boys y Trébol 2 y PSG 3.

 

Por eso, quizás haya llegado el momento de repetir el esquema que utiliza Buenos Aires: un solo fin de semana de Seven oficial, donde solo participan los clubes uruguayos –en esta temporada hubiese sido el Seven de Polo, aunque tuvo la participación de Teros VII- y el resto torneos individuales, organizados por cada club y no por la URU. Así se evitaría que el torneo lo definan los fixtures, y los equipos extranjeros que van dejando atrás a los locales. Y se lograría que los clubes se que concentren 100% en organizar el torneo de la manera que ellos quieran, sin tener que responder a los cánones del Circuito.

 

De todos modos, para finalizar, una reflexión: mientras el rugby uruguayo se siga peleando por pequeñeces como esta, difícilmente salga a flote y se recupere de los golpes como el que significó la eliminación del Mundial. Tras la derrota ante Rumania, deberían ser días de balance de analizar qué se hizo mal y que bien. De consenso, de unión, de reconocer las diferencias pero plantear los caminos para crecer. Pero en cambio, el rugby uruguayo pasó el último fin de semana del año discutiendo por las series del Circuito Nacional de Seven. Parece un despropósito.

 

 


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