El camino es el seven

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Quizás haya llegado el momento de elaborar un gran plan de desarrollo de seven, con una pata en lo internacional y la otra en lo local

Uruguay clasificó al Mundial de Dubai por una cuestión de lógica. Tuvo tres meses de preparación para la Eliminatoria 2008, cuatro torneos en Argentina, 30 partidos para que los DT eligieran jugadores. El equipo jugó el Seven de Punta del Este, donde tuvo la chance de cruzarse con Tonga y un equipo de fidjianos. Y aunque se sufrió mucho y casi se queda afuera ante Chile, el resultado llegó.

Pero para llegar a Dubái Los Teros tuvieron un hándicap más además de las ventajas naturales de no ser altos, fuertes ni rápidos. Y  que lamentablemente fue interno. Por la actividad del seleccionado del XV, el grueso del plantel recién pudo integrarse al seven a mitad de enero.  La preparación no fue la ideal, porque si los celestes ya estaban dando ventajas de físico y rodaje, se le agregó más minutos necesarios de partidos. La URU priorizó la preparación del XV, y Uruguay llegó al Mundial bien en lo físico, aunque rengo de juego específico de la modalidad. Fueron demasiadas ventajas otorgadas, por lo que teniendo en cuenta todo eso, el resultado fue lógico, y hasta positivo.

Ojalá que las sorpresas que se vieron en la Copa del Mundo dejen su enseñanza. Que con más planificación y apoyo al seleccionado se puede avanzar mucho en el seven, que en definitiva es una escuela para el rugby de XV. Claro que Los Teros necesitan jugar, y los resabios de la complicada preparación que tuvieron este año se verán en 2009, cuando no se pueda ir a San Diego por haber perdido ante Chile en el Sudamericano.

Quizás haya llegado el momento de elaborar un gran plan nacional de desarrollo de seven, con una pata en lo internacional y la otra en lo local.  Incrementar la competencia interna, hacer un verdadero Circuito Nacional, con varias etapas y atractivo, que sea la antesala para que los equipos lleguen en las mejores condiciones a Punta del Este, y que sirva como cantera para llevar jugadores a la selección. 

Ahí estuvieron en diciembre los equipos, entrenándose como podían, y buscando la motivación para practicar durante las fiestas. En un rugby con dificultad para conseguir actividad todo el año, es un crimen que el seven tenga apenas dos o tres etapas , y que se lo tome para darle actividad a los que no jugaron mucho en el año. El ejemplo de Trébol, Old Boys y Old Christians es bueno: se necesita mucho trabajo, pero se pueden hacer muy buenos sevens, con equipos del exterior e interesantes. La IRB se dio cuenta, y se lo está haciendo ver al COI para entrar en los Juegos Olímpicos: el seven es una modalidad atractiva, fácil para entender para los de afuera, que acorta distancias y permite enfrentar a equipos que no lo pueden hacer en XV. Es la ventana más clara para lograr nuevos adeptos al rugby, y para ampliar la base de competencias en un rugby al que le cuesta crecer. Es la oportunidad ideal para meterle un cambio más al rugby uruguayo. Ojalá se pueda aprovechar.


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