Los carasucias del rugby

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Con motivo de los 50 años de Los Cuervos, recordamos el primer título de los de negro en 1960, en una nota publicada hace unos meses por el diario El Observador

Tiempos en los que rugby significaba un grupo de amigos con una pelota como excusa. Prácticas cortas y terceros tiempos eternos, en los que los rivales se olvidaban de ser tales y volvían a ser amigos como durante toda la semana. Chiquilines sin apoyo de grandes instituciones, que pese a que en muchos casos venían de familias con buen pasar, debían rascar cada peso para poder cubrir los costos y competir.

De esa época es el primer y hasta el momento único título de Los Cuervos, en el año 1960, cuando el rugby recién empezaba a despuntar en Uruguay. Fue un impulso de juveniles, que un buen día se cansaron de jugar enfrentados y armaron su club de amigos. Y apenas en el segundo año, los negros del club de golf se consagraban como el mejor equipo de rugby local.

El arranque no fue fácil, porque debían conseguir una institución que los respaldara. “La idea era entrenar en la barraca de lana de los Puig, jugadores del club. Muchos éramos socios del Golf, entonces Eduardo Crispo Ayala, que era el presidente, nos quería convencer de ir al club, que necesitaba socios jóvenes. Nosotros no queríamos porque teníamos miedo que nos absorbieran, pero fue una buena idea. Claro que los golfistas insultaban como locos cuando veían a los del rugby entrar al vestuario, gritando y llenos de barro. Yo, que después jugué un tiempo al golf, lo veo ahora y creo que haría lo mismo”, recuerda con una sonrisa José Luis Shaw, octavo de aquel equipo.

Además, sin dinero para comprar camisetas, el negro era lo más simple (ver columna). “Alberto Brause decía mucho tiempo después que los All Blacks nos imitaron a nosotros”, asegura Shaw. Y con el negro de la camiseta, surgió el nombre lógico de Los Cuervos.

El inicio. El primer partido fue ante Colonia Rugby, compuesto por obreros de la fábrica de Sudamtex. “Fue en Colonia, bajo lluvia, contra un cuadro pesado que en una cancha mojada nos sacaba diferencia, porque nosotros éramos muy livianitos. Era gente buenísima, y viajar a jugar era toda una experiencia. Después nos llevaban por los boliches”, asegura el capitán Alberto Brause, que luego fuera varios años senador colorado. Por su parte, Shaw agrega: “eran viajes lindísimos. Colonia era un equipo muy duro de enfrentar, con jugadores muy ásperos, pero muy nobles. Nuestra primera victoria contra ellos fue en un Preparación, y para nosotros fue una hazaña”.

Así comenzó la aventura, y aunque el plantel contaba casi con una selección uruguaya, la falta de rodaje los dejó en la mitad de la tabla. “Muchos veníamos del fútbol, y en el primer año no jugamos en primera porque recién aprendíamos”, recuerda Shaw, que en el segundo año se ganó su lugar de titular como octavo. “Era otro rugby. Se hacían muchos penales, porque muchos jugadores recién aprendían a jugar, entonces se metía mucha mano en los rucks. Lo enfocábamos para divertirnos, y se reflejaba en que hacíamos un juego muy divertido”, agrega el capitán.

Campeones. Pero el segundo año todo cambió. Desde un juego de camisetas propias, hasta la seriedad con la que se tomaron el campeonato, con el objetivo de ser campeones. La calidad de jugadores como el “Papa” Stewart, Álvaro Soto o el propio Brause empezó a hacerse sentir para lograr el título. “Éramos muy buenos en el juego de mano, jugábamos un rugby divertido. Claro, teníamos físicos que en el rugby moderno no podrían jugar. La práctica era dos horitas y después ir a tomar algo. Después alguno salía el viernes se acostaba a las 6 de la mañana, y el sábado estaba jugando. A Álvaro Soto lo tenía que ir a despertar yo, hacerle el bolso y llevarlo, y ya en la cancha tirarle agua para que se despertara. Y después era el mejor de la cancha. Pero no le gustaba marcar, entonces de repente venía un rival y me decía, ‘te lo dejo a vos, porque estoy un poco cansadito”, rememora Brause.

Hicieron un gran campeonato, con victorias ante Old Boys, Carrasco Polo, La Cachila y Colonia, hasta la última fecha, cuando un empate contra Trouville bajo un diluvio terminó asegurándole la copa. “Recuerdo que el campeonato se paró tres semanas y nosotros ya éramos virtualmente campeones. Nos dejamos estar un poquito, y Trouville nos empató. De todos modos nuestro objetivo principal no era ser campeones invictos”, asegura José Luis Shaw, uno de los tantos integrantes del equipo que nunca hubiese imaginado que aquel título, que festejaron en el subsuelo del club, terminaría siendo 50 años después una página de gloria en el libro de historia de Los Cuervos.
 

Ni lo soñábamos

POR ALBERTO BRAUSE*
 
Nacimos como un equipo de amigos. Todos jugábamos en diferentes equipos y decidimos juntarnos. Éramos casi una selección, había jugadores excelentes que venían de todos los clubes. Para hacer las camisetas no teníamos un peso, entonces teñimos las que tenía cada uno en sus clubes. Con los de Trouville no pasaba nada porque teñía fácil, pero los que veníamos de Old Boys y de Carrasco Polo se mantenían las rayas, y al rato se empezaban a ver las camisetas viejas.
Ese primer campeonato fue el acicate para que en el segundo nos organizáramos mejor y peleáramos el título. La verdad que cuando arrancamos ni soñábamos que el equipo se mantuviera 50 años, y mucho menos que nuestro título fuese tan importante.

*(Primer capitán de Los Cuervos)

 

Destaque 
  
 Uno de los grandes impulsores de que los Cuervos se integraran al Club de Golf del Uruguay fue Eduardo Crispo Ayala (foto), por entonces presidente, que venció la resistencias de varios socios que no querían nuevos deportes en el club. 


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